Libro VI
¡BIENVENIDOS!
Platón escribió numerosos libros, y uno de ellos es éste que vamos a tratar en esta ocasión, el libro VI de República.
Platón: República, libro VI
En el libro VI de República Platón expone temas esenciales y muy polémicos. En primer lugar, las críticas a la multitud, a la masa, y, por tanto, a la democracia. Son las metáforas de la nave y la bestia. Toda la demagogia fascista que ha habido y que habrá se nutre de lo que Platón dice aquí. En segundo lugar, cuestiones más técnicas relativas a la metafísica y la teoría del conocimiento: la alegoría del Sol para aclarar la Idea del Bien y el famoso pasaje de la línea.
El alma filosófica, con facilidad para aprender, valiente, buena memoria y grandeza de espíritu, tiene muchas dificultades para crecer correctamente en la sociedad ateniense pues es tentada por el poder y el dinero, volviéndose soberbia e ignorante. Y si por casualidad se diese cuenta de su error e intentase retomar el camino de la filosofía ya se encargaría la multitud de devolverlo a su lugar, “conspirando privadamente contra él e iniciándole procesos judiciales en público” como le ocurrió a Sócrates. Las mejores naturalezas, criadas entre bienes materiales y riquezas, se corrompen y suelen ser causa de los peores males a los Estados y los particulares. Un ejemplo claro de naturaleza privilegiada corrompida por el poder y el dinero es Alcibíades, el personaje que irrumpe borracho en El banquete de Platón.
Al fracasar las almas que merecen iniciar el camino de la filosofía esta queda en la plaza como una joven solitaria y soltera. Entonces le salen pretendientes sin talento que la confunden con un trabajo manual, con una “tecnicilla”. De este matrimonio sólo podrán surgir sofismas carentes de nobleza e inteligencia.
Hemos arribado por fin al problema esencial: ¿qué estudios y ocupaciones servirán para formar a los futuros gobernantes filósofos? Sólo los guardianes perfectos podrán llegar a ser filósofos: los demasiado fogosos tendrán dificultades para aprender y los demasiado razonables se dejarán llevar por sus temores. Tendrán que participar de ambas cosas: valentía e inteligencia. Y además, acceder al estudio supremo, a la Idea del Bien. Para algunos es el placer y para otros la inteligencia pero ninguno conoce lo que es. Quienes dicen que el Bien es el placer se equivocan porque tendrían que admitir la existencia de placeres malos. Los que dicen que el Bien es la inteligencia cuándo se les pregunta qué tipo de inteligencia dicen que la inteligencia del bien con lo cual sus palabras son vacías. A pesar de la resistencia de Sócrates, Glaucón le exige que aclare su naturaleza.
Para hablar del Bien Sócrates recurre a la alegoría del Sol. Del mismo modo que la luz hace posible la vista de los objetos en el mundo visible, así la Idea del Bien hace posible que la inteligencia vea en el mundo de las Ideas. Es más, así como el sol otorga a las seres vivos la génesis, el crecimiento y la nutrición, la Idea del Bien otorga a las cosas conocidas el existir y la esencia, “aunque el Bien no sea esencia, sino algo que se eleva más allá de la esencia en cuanto a dignidad y potencia.”
Continúa Sócrates con el pasaje de la línea. Al reino de lo visible le corresponde la opinión y al reino de lo inteligible la ciencia. Dentro de la opinión se pueden distinguir dos niveles: el de las copias, sombras o imágenes, llamado conjetura, equivalente a los mitos, y el de las cosas mismas, llamado creencia, se corresponde con la física de los presocráticos. El segmento de la ciencia se divide en Matemáticas y Dialéctica. Las matemáticas proceden de un modo descendente apoyándose en imágenes mientras que la dialéctica es ascendente y no usa imágenes. Una vez alcanza el principio no supuesto, incondicional, se aferra a él y obtiene una visión sinóptica del mundo de las Ideas. Al primero de esos niveles le llama pensamiento discursivo y al últimointeligencia.
¡Este es un breve resumen del tema! ¡Hasta la próxima lectores!
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