¡HOLA LECTORES!
Hoy os vamos a hablar sobre un tema tratado en clase, relacionado con el hedonismo y esperemos que os interese:
Los epicúreos dan una gran importancia a la amistad y a la vida retirada en comunidad en el «Jardín» (o huerto) rehuyendo las molestias que proceden de la vida política.
¡Y esto es todo por ahora, esperamos que os haya gustado, un saludo y hasta la próxima entrada!
El hedonismo: una teoría sobre los placeres
El hedonismo aparece como una teoría filosófica que defiende que existen dos polos elementales y básicos que gobiernan nuestra actividad: el dolor y el placer. Y en consecuencia, lo que todo ser humano ha de buscar es el placer y lo que ha de rehuir es el dolor. Esta postura se desarrolló en la Grecia clásica, en tiempos de Sócrates, entre los cirenaicos, que llegaron a defender que el fin supremo a alcanzar es la felicidad entendida como una vida de placer. Pero el hedonismo se desarrolló y se matizó en las teorías de Epicuro, superando el hedonismo vulgar de los cirenaicos, y estableciendo un modelo –el «hedonismo epicúreo»– mucho más consistente.
Epicuro de Samos (341-270) planteó que para alcanzar una vida feliz había que lograr una tranquilad psíquica que llamaba ataraxia (imperturbabilidad de ánimo), que exigía previamente un autogobierno (autarquía) que además de perseguir la ausencia de dolor corporal debía completarse con la liberación de los miedos psicológicos. Para ello propuso un cuádruple remedio: 1) vencer el temor a los dioses («su existencia, si existen, no influye en los mortales»). 2) Superar el miedo a la muerte («porque cuando se está vivo la muerte no nos afecta, y cuando hemos muerto, tampoco, porque ya no somos: no hay “más allá”»). 3) Liberarse de la falsa idea del destino, que atenaza y amenaza al hombre: contra el fatalismo (destino) griego, los epicúreos eran defensores de la libertad humana. 4) Aprender a llevar, mediante el ejercicio de buenas costumbres, una vida con el mínimo dolor y el placer conveniente. Por tanto, superados los miedos que nos quitan libertad y nos causan dolor, la felicidad se alcanza a través de un gobierno de nosotros mismos basado en la prudencia. Epicuro establece una clasificación para ayudar a dirigir sabiamente esta prudencia:
a) Hay deseos naturales y necesarios, que han de satisfacerse.
b) Hay deseos naturales pero no necesarios, que han de limitarse, para no depender de ellos y para evitar que el placer más próximo nos traiga un dolor mayor posterior.
c) Hay deseos que no son ni naturales ni necesarios, que son fuente de dolor y que han de evitarse siempre.
Los epicúreos dan una gran importancia a la amistad y a la vida retirada en comunidad en el «Jardín» (o huerto) rehuyendo las molestias que proceden de la vida política.
Texto de Epicuro:
«Según las ganancias y los perjuicios hay que juzgar sobre el placer y el dolor, porque algunas veces el bien se torna en mal, y otras veces el mal es un bien.
La autarquía la tenemos por un gran bien, no porque debamos siempre conformarnos con poco, sino para que, si no tenemos mucho, con este poco nos baste, pues estamos convencidos de que de la abundancia gozan con mayor dulzura aquellos que mínimamente la necesitan, y que todo lo que la naturaleza reclama es fácil de obtener, y difícil lo que representa un capricho.
Los alimentos frugales proporcionan el mismo placer que los exquisitos, cuando satisfacen el dolor que su falta nos causa, y el pan y el agua son motivo de mayor placer cuando de ellos se alimenta quien tiene necesidad.
Estar acostumbrados a una comida frugal y sin complicaciones es saludable, y ayuda a que el hombre sea diligente en las ocupaciones de la vida; y, si de modo intermitente participamos de una vida más lujosa, nuestra disposición frente a esta clase de vida es mejor y nos mostramos menos temerosos respecto a la suerte.
Cuando decimos que el placer es la única finalidad, no nos referimos a los placeres de los disolutos y crápulas, como afirman algunos que desconocen nuestra doctrina o no están de acuerdo con ella o la interpretan mal, sino al hecho de no sentir dolor en el cuerpo ni turbación en el alma…»
¡Y esto es todo por ahora, esperamos que os haya gustado, un saludo y hasta la próxima entrada!
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